La Caja de Pandora

La libertad te obliga.

Hoy, por primera vez, me voy a salir de mis tan encasillados temas y tratar desde una opinión personal un tema que últimamente está a la orden de día; el aborto.
Mucho os preguntareis que voy a comentar yo sobre un tema tan trillado como este donde todo parece ser blanco o negro pero estos últimos días me han llegado comentarios sobre el tema desde diferentes lados y creo que yo misma sentía la necesidad de aclarar mis ideas y de justificar de algún modo mi pensamiento.

Antes de nada, he de decir que mi opinión es claramente a favor del aborto y en contra de aquellas actitudes extremistas. No pretendo convencer a nadie y mucho menos descalificar a ninguna persona, simplemente dar mi visión sobre este tema. Así que si hay alguien que sienta que va a ser atacado y que no esté dispuesto a tolerar mi opinión, está invitado a dejar de seguir leyendo ahora.
Gracias.

Dicho esto doy paso a mi reflexión.

No sabría como comenzar, o de que forma abordar este tema, quizá la forma adecuada sería comenzar hablando de la libertad en general.
La libertad no es otra cosa que la obligación de elegir. Cuando somos libres se nos abre un abanico de posibilidades dónde nosotros somos los que debemos de tomar la decisión. Ser libre no es fácil, más bien se podría decir que la libertad es un regalo con trampa. El problema de poder elegir es que podemos equivocarnos y cometer errores y, una vez hecha nuestra elección, nosotros somos responsables de ella y de los errores que se cometan. Lo fácil es que te digan en todo momento qué debes hacer, que te marquen tu camino, porque si algo no sale bien siempre tendrás a alguien a quien culpar.
Hace un tiempo leí sobre la paradoja de un hombre que padecía asma que fue puesto preso. La paradoja es que en la cárcel se le fue el asma. En la cárcel no hay opción. La libertad te da miles de opciones. La libertad te obliga a elegir. Una libertad te obliga. Ser libres es ser esclavos de nuestra elección, otra paradoja. Por ello, toda persona que quiera ser libre deberá hacerse cargo de lo que ha hecho, de lo que hace y de lo que hará.

Partiendo de este concepto de libertad, pienso que la mujer tiene el derecho y la obligación de elegir lo que quiere para su presente, para su futuro. Ella es la que debe de elegir si quiere ser madre o si no, si es capaz de criar a un hijo o si no, si quiere eso para su futuro e incluso, si puede darle un futuro a su hijo o si no. Más que nada porque al fin y al cabo, ella va a ser la única responsable de la decisión que tome. Posiblemente muchos dirán que esa elección, la de abortar, es un error, que se esta equivocando. Probablemente lo sea, probablemente se esté equivocando. Pero ese es el riesgo de elegir, que a veces aciertas y a veces te equivocas. Creo que podría decir casi con toda seguridad que a ninguna mujer le parece plato de buen gusto el hecho de perder voluntariamente a un hijo. No es una decisión que se toma a la ligera, es una decisión que se reflexiona, donde se valoran pros y contras y donde se evalúa todo no tan solo desde una perspectiva egoísta (“no quiero complicarme la vida en este momento”) sino más bien desde una postura más empática con el “futuro no bebé” (“¿Podré darle la vida que se merece? ¿Estoy preparada?”). Es una decisión que se toma desesperada ante un cambio inesperado.

La libertad te obliga, tu libertad te hace única responsable de tus actos. 

Y entonces, es cuando alguien contrarresta con un “¿Y qué pasa con la libertad del futuro no bebé? ¿No tiene él la misma libertad para elegir si quiere vivir o morir?” Y lo sería. Lo sería si ese aún no bebé fuese consciente de sus actos tal como dicta la ley. Toda persona es responsable de sus actos siempre que sea consciente de ellos y este, sin duda, no es el caso. Entonces ¿quién se debería hacer cargo de la libertad de ese futuro no bebé? Hay que tener en cuenta que no es tarea fácil, que se trata de decir si alguien debe morir o debe vivir. Es un poco como lo que pasa con las penas de muerte, ¿quién es verdaderamente capaz de juzgar quién merece vivir y quién morir? Es entonces cuando el gobierno y la Iglesia levantan corriendo la mano gritando “Yo, yo, yo”. Ya está, el típico listillo de clase que se cree superior a los demás. Una tímida madre levanta sutilmente su mano y en apenas un leve susurro pronuncia un escueto “Yo”. Iglesia y gobierno le lanzan una mirada desafiante a la pobre mujer. Y digo Iglesia no por situarme en contra del catolicismo sino como podría nombra al cualquier otra ideología o religión que atentase contra la libertad humana.

Así que yo os invito a pensar, partiendo desde la idea de que nadie es mejor que nadie y por tanto ninguna persona tiene la capacidad de juzgar sobre la vida de otra, ¿quién tiene más “derecho” a tomar la decisión por el futuro no bebé? ¿Un gobierno? ¿Una ideología? ¿Una religión? ¿Acaso van a hacerse ellos responsables de dicha decisión? ¿Van a hacerse responsables de las consecuencias que conlleva el decir “sí”? Creo que todos sabemos la respuesta. No. Y si no se hacen responsables…¿qué libertad tienen ellos de decidir sobre algo a lo que no están dispuestos a comprometerse?

La libertad te obliga, tu libertad te hace única responsable de tus actos. 

Por tanto, ¿qué necesidad tiene una madre de acatar una responsabilidad que no le corresponde? ¿Por qué debe hacerse cargo ella de las repercusiones de decisiones que ha tomado un gobierno al que ve corrupto e injusto, una ideología que no comparte o una religión en la que no cree? ¿Por qué? ¿Por qué se pretende imponer  en unos muchos el criterio de unos pocos?

La libertad te obliga, tu libertad te hace única responsable de tus actos.
Y ahora elige.
¿Qué quieres hacer? 

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